Historias del maratón

La historia de Patricia

Se nos hace difícil pensar que se puedan hacer tantas cosas al cabo del día. Patricia es una todoterreno. Tres hijos, un trabajo con gran responsabilidad y entrenamientos diarios.

La vida de Patricia es pura intensidad y, además, afronta su quinto Maratón de Málaga con la intención de conseguir su mejor marca.

Has mamado el deporte desde pequeña gracias a tu padre. Has hecho gimnasia rítmica, baloncesto, balonmano, tenis, montaña… ¿Qué valores te ha aportado el deporte en tu vida?

Siempre diversión. No recuerdo un día de deporte sin haber disfrutado. Además, destacaría tres más:

Compañerismo: en todos y cada uno de los deportes que he practicado, ya sean de equipo o individuales.

Superación: sobre todo en la montaña y en correr, donde el “enemigo” a batir/superar eres tú mismo.

Sacrificio: llevar a tu cuerpo al límite y obligarle a aguantar te da una fuerza increíble extrapolable a cualquier situación en la vida: fortaleza.

2. Sin embargo, aunque hayas sido siempre tan deportista, el gusanillo de correr empezó para ti en 2008. ¿Qué se te pasó por la cabeza para comenzar esta aventura? ¿Algún “culpable”?

Candela tenía dos años y Luis acababa de nacer; veía a la gente corriendo por el paseo marítimo y me moría de envidia. Necesitaba salir de casa, ¡y correr era lo más sencillo! Vivo muy cerca y correr me permitía empezar a hacer deporte desde el minuto uno de poner un pie en la calle. Jose Portero, gran deportista malagueño (marido de mi amiga Lucía) allá por octubre de 2008 empezó a llevarnos los domingos a correr, poquito a poco. Primero 15 minutos seguidos, luego 20…

Los Reyes Magos en 2009 me trajeron mis primeras Asics: no sabía ni pronunciar el nombre. Sin embargo, a los pocos meses de empezar a correr y a disfrutar de ese tiempo que era solo mío, me quedé embarazada de mi tercer hijo, Manu, y ahí vino un parón hasta 2011.

3. ¿Y cómo fue esa vuelta “al trote” en 2011?

Ya con tres enanos tan seguidos y tan pequeños me era complicado comprometerme a salir a correr siempre a la misma hora; hay noches que duermes del tirón y otras que no pegas ojo y tienes poco cuerpo para alegrías, así que empecé a bajar a correr cuando podía y lo que podía.

Las cosas de la vida: las pocas veces que salía a correr me cruzaba con Miguel Medina, el verdadero responsable de todo; paisano y gran amigo de mi marido. Una genial persona con la que, a partir de nuestras salidas para correr, comenzó una preciosa amistad.

Miguel me animaba y me animaba y empezamos a quedar para hacer algunas tiradas juntos. Entonces se unió Juan Marín, otro grande, y formamos un grupo que aún hoy permanece. La mayor hazaña ese año fue correr la Carrera Urbana de Málaga en octubre de 2011. Recuerdo que en la salida le pregunté si había que apretar al principio o al final y se partía de la risa. Al llegar a meta pensé que esto era de locos.

4. Corriste tu primera media maratón en Málaga con 42 años, siendo ya madre de Candela, Luis y Manu. Y, antes de eso, lo máximo que habías corrido eran 10 kms… ¿Qué sensaciones tuviste?

Corrí mi primera media maratón el día que cumplía 42 años: el 7 de abril de 2013. Me encantó. Me enamoró la distancia, me pareció que era perfecta: ni tenías que salir a muerte desde el primer metro ni te obligaba a agotar tus fuerzas. Te permitía hablar durante la carrera, beber en los avituallamientos, disfrutar de una larga playlist

5. Y el mismo año, otra media maratón, en este caso en Marbella, y tu primer maratón. Y además, con una marca de 03:49.¿Qué hiciste para conseguir pasar de 0 a 100 de esa manera?

En abril vino la primera y en septiembre hice la segunda, ambas en Marbella. Y me siguió encantando. Recuerdo entrar en meta eufórica y exhausta y, camino al coche, reírnos Miguel, Juan y yo: “imagina lo que es un maratón: que al llegar a meta te dicen: venga, otra vueltecita de 21 kilómetros”

Ni por asomo me lo tomaba en serio (risas).

Sin embargo, Miguel iba a correr el Maratón de Málaga y nos iba contando a Juan y a mí las tiradas largas que le iba tocando cada domingo. Entonces recuerdo que me apunté a acompañarle en la de 25 kilómetros; le dije que salía con él hasta donde mi cuerpo aguantase. Y mi cuerpo aguantó hasta el final.

Y el domingo siguiente tocaban 30 kilómetros. Yo seguía con la misma idea: acompañarle hasta donde pudiese: y aguanté 29 kilómetros y 998 metros. En los Baños del Carmen le dije “hasta aquí, no puedo más”, y me paré. Miguel se cabreó porque faltaban dos metros (risas).

Ahí me planteé inscribirme. Faltaban tres semanas para la carrera y Miguel me dijo que si había sido capaz de hacer esos entrenos estaba capacitada para hacer la carrera del tirón.

Así que le hice caso y me inscribí. Y terminé.

6. ¿Qué es lo que más recuerdas de tu primer maratón??

En el km 39 aparecieron los niños gritando a mi lado, dándome la mano, felices, y yo solo podía buscar a mi marido y con medio hilillo de voz decirle: “quítamelos de encima, por Dios”.

Vi el crono en el arco de meta y rompí a llorar: Me daba igual el tiempo. Sólo tenía una cosa clara en la cabeza y así se lo dije a Bali, mi marido: “Bali, esto es de frikis y de locos. Nunca más, lo juro. Es una barbaridad innecesaria.”

Sin embargo, los ánimos de Miguel y el entusiasmo que contagia reavivaron el veneno que ya tenía dentro y al poco de abrirse las inscripciones para la siguiente edición, ya estaba registrada. Tardé en decírselo a mi marido y a mis padres … era difícil de entender.

7. Juraste no volver a pasar por eso jamás, pero aquí estás. Respondiendo a esta entrevista y preparándote para tu quinto maratón. ¿Engancha tanto esta locura?

Engancha, engancha mucho. Es apasionante ponerte al límite y demostrarte a ti misma que puedes. Que tú decides y que tú dispones hasta dónde. Te da una fuerza mental brutal. Te podrías comer el mundo al llegar a meta.

¿Sabes por qué voy a correr mi quinto maratón? Porque en el segundo disfruté como no te puedes imaginar: estaba en el km 37 dando saltos de alegría cuando mi amiga Amina se metió a correr un kilómetro a mi lado. Mi suegro cuidándome todo el recorrido, con su bici cerquita de mí, Martín Fiz a mi lado animándome desde el km 11 al 21 en el que no le pude seguir. Mi otro gran regalo del running, Julio Molina, ayudándome, animándome, contándome cosas. Ahí nació una amistad eterna.

Porque en el tercer maratón, sabiendo que se podía disfrutar, opté por apretar y fui capaz de mejorar y hacer mi mejor marca: 3.32 Volé hasta el km 26, iba detrás de la liebre de 3.15. Recuerdo que en el km 23 le dije a mi suegro: “Bueno, habrá que empezar a correr, ¿no?” Iba sobrada. Luego lo pagué, claro, pero esos primeros 25 kilómetros fueron los más grandes de mi pequeña historia. 45 años, tres hijos, sin maestro ni entrenador, al lado de titanes que hacen la maratón en 3.15… un sueño.

Porque en el cuarto, sin apenas entrenos, sabiendo que éste iba de otra cosa, fui capaz de, por tres veces, andar y volver a arrancar a correr, animar a los demás corredores, dar besos a mis amigos que salieron a animarme y pararme antes de entrar en meta a besar a mis hijos que estaban animando en el Paseo del Parque. En ese, por fin, fui capaz de salir a correr sin competir. Y fue la caña.

Ya ves. Cada uno de los cuatro tiene algo que lo hace especial. Y, ya se sabe, no hay quinto malo. Y lo demuestra haberme incluido en las historias del maratón: estoy feliz. Feliz y con una motivación espectacular.

 8. Hoy día vives en Málaga, vives con tu marido, trabajas en un puesto de responsabilidad como el de Account Manager en Adevinta y tienes a Candela con 13 años, a Luis con 11 y a Manu con 9. ¿Cómo es un día normal en tu vida?

Bali, mi marido, y yo formamos un gran equipo, de otra forma sería imposible. No sólo son tres hijos, es que a eso hay que sumar el piano de Candela, el equipo de fútbol sala de Luis y de Manu y el equipo de fútbol 7 de Luis y de Manu, lo cual se traduce en un mínimo de 4 partidos de fútbol a la semana.

El hecho de que Bali sea autónomo hace que él llegue donde yo no puedo y viceversa, de manera que conseguimos que los niños estén atendidos y nuestros trabajos estén al día.

Nos levantamos poco antes de las 7 de la mañana. Sobre las 7:45 mi marido lleva a Candela al instituto y de ahí se va a trabajar a su estudio.

Sobre las 8:45 yo llevo a los niños al cole y empieza mi jornada.

Si no hay reunión de equipo paso por mi oficina a gestionar el correo, a hacer llamadas pendientes o a perfilar alguna visita o me voy directamente a visitar. Trabajo con inmobiliarias ubicadas desde Nerja hasta Fuengirola, pasando por Málaga y Antequera. Me encanta mi trabajo. Hago cerca de 2000 kilómetros al mes, pero me gusta conducir y me gusta estar con mis agentes inmobiliarios. Diseñamos estrategias de publicidad y de marketing online, y les asesoramos en estas y otras materias relacionadas con el sector inmobiliario para que estén presentes en nuestro portal inmobiliario, Fotocasa.

El comedor escolar nos da un respiro. Si alguno de los niños se pone malo, la cosa se complica. Pero si necesitamos cobertura tenemos la inestimable ayuda de mis suegros. Mi suegra es maravillosa, como pocas personas he conocido en mi vida. Todo le parece bien y ayuda en todo con una sonrisa. Una pasada.

Por la tarde Bali se encarga de recoger a los niños y tenerlos en casa hasta que yo pueda llegar y él volver al estudio o atender a algún cliente.

Si es martes o jueves, Manu tiene entrenamiento en el Palo hasta las 8.30 de la tarde, así que terminamos tarde.

Este año Luis va a entrenar con la Mosca (antes entrenaba en el Palo lunes y miércoles) y, al menos, entrena los mismos días que su hermano, aunque en un lugar y horario diferente. Pero tenemos también a mis cuñados y grandes amigos. Les llamamos “Los Mejores” y son como una familia. Nos ayudan con la logística y con lo que sea necesario.

Candela ha dejado el conservatorio: ya tiene su Elemental de Piano aprobado y conocimientos sólidos para retomarlo si quiere algún día. O no. Así que este curso estamos algo más libres por ahí, ¡pero va a empezar con el voleibol así que habrá que ver cómo lo encajamos!

En fin, muy complicado. ¡Cada día es una victoria!

9. ¿Y cómo es posible compaginar esta exhaustiva rutina con una preparación que requiera tanto esfuerzo como la de un maratón?

En mi caso tengo claras mis prioridades: la preparación del maratón no puede afectar al orden establecido en la casa. Es cosa mía, no debe afectar al resto pues es difícil encajar todas las piezas.

Tengo la suerte de tener una innata facilidad para correr, piernas largas y poco peso, por lo que tengo buena parte del trabajo hecha.

Luego no es más que darle rodaje a las piernas, al corazón y a la cabeza. Correr una media maratón en septiembre/octubre marca el punto de inicio y, con cinco o seis semanas de darle algo más de caña, es suficiente.

Quitarle tiempo al sueño para salir temprano o cuando los demás están cenando, de manera que todo ya está hecho en casa y eres más prescindible.

Familia, trabajo, correr. Ese es el orden.

De todos modos, creo que es importante no perder el norte: somos corredores populares, corremos por diversión, por superación, así que unas veces correremos sufriendo menos y otras más; unas veces cumpliremos nuestros objetivos y otras no, pero no pasa nada. Somos campeones desde el momento en que somos capaces de llegar al arco de salida.​

10. ¿Tienen tus niños ese mismo “veneno” por el deporte? ¿Te apoyan mucho en casa?

A todos les gusta el deporte, pero Luis y Manu son quienes más lo practican. Son unos campeones. Cada uno de ellos juega en dos equipos. Luis en Parque Clavero y, este año, debuta en La Mosca en categoría alevín. Y Manu, en Parque Clavero y El Palo (benjamín preferente, la Champions del fútbol de su categoría). Se esfuerzan, motivan a sus compañeros, disfrutan…. lo que llevan regular es lo de perder. En eso no se parecen a mí.

Candela empezará volley este año. Hasta ahora era complicado con el conservatorio y los estudios, pero está muy animada y con ganas de empezar.

En mi casa obligo al deporte: todos deben hacer algo, lo que quieran, pero considero que es tan importante como cualquier otra asignatura.

Bali va al gimnasio lo que puede. Poco, la verdad, pero de momento es lo que hay.

En mi casa me apoyan aunque no sea muy frecuente verles en las carreras. Se ponen muy contentos cuando gano algún trofeo, pero no son mis incondicionales en la calle, para que nos vamos a engañar. Lo que sí es cierto es que todos admiran lo que hago y valoran mucho mi capacidad para correr.

Mi suegro solía acompañarme en las carreras, a mi lado, en la bici, pero ha estado fastidiado y lleva un tiempo sin hacerlo. Espero que en breve pueda retomar esa buena costumbre. Mi suegra siempre sale a su terraza a aplaudirme, ya que muchas carreras pasan por delante de su casa: ella nunca falla, y mi suegro junto a ella desde que no me puede acompañar. De todos modos mi suegro viene siempre conmigo cuando tengo que recoger un trofeo.

Mi padre, desde Valladolid, lo vive fuerte. Siempre está pendiente. Me pregunta, me apoya, me anima… mi madre dice que cualquier día desaparezco por el camino, tanto correr, tanto correr (risas).

11. Y no sólo te estás preparando para el Maratón de Málaga, sino que, además, vas a correr en septiembre la media maratón de Valladolid y en febrero el Maratón de Sevilla. ¿Qué te ilusiona más, correr la media en tu tierra o un maratón en una ciudad diferente?

Esto es un poco como: ¿a quién quieres más, a papá o a mamá?

Me hace inmensamente feliz correr en Valladolid; sólo imaginar a mis padres animando en la calle o en la salida, o en la entrada en meta, hace que merezca la pena todo.

Por otra parte, estar en la gran fiesta del 100º maratón junto a Julio Molina en su Sevilla del alma se me antoja como una de las carreras más emocionantes, además de histórica, en las que una puede participar. Julio merece una gran fiesta rodeado de todos los que le queremos, pues es uno de los seres más generosos que yo he conocido, y le conocí en mi primer maratón.

12. Como hemos comentado antes, ésta es la quinta vez que vas a competir en el Maratón de Málaga, ¿qué crees que ha cambiado en estos 5 años?

Han cambiado muchas cosas en estos 6 años (recordemos que uno se suspendió por la tromba de agua que cayó justo una hora antes de la salida).

El primero que yo corrí, en 2013, tuvo un recorrido horroroso. En el segundo algunos se saltaron algún que otro kilómetro confundidos por los guías en bici.  No había ni raya azul pintada en la carretera. Era muy caro, daba la sensación de pedir mucho y dar poco, de cumplir un trámite más o menos aseado y listo.

El Maratón de Málaga necesitaba que lo gestionara alguien que lo amase de verdad.

Ahora se cuida mucho el recorrido, se elaboran planes de preparación en función del tiempo que queramos hacer, se promociona a nivel nacional e internacional, se cuida al corredor con mejores avituallamientos, con muchos voluntarios, con música en varios puntos … Ahora el Maratón de Málaga es, por fin, una fiesta.

En cuanto a mí, soy más viejecita: ya son 48 tacos y se nota. Pero tengo tanta o más ilusión que cualquiera de las cinco anteriores. Aún más ilusión que la primera vez.

13. ¿Qué crees que se puede hacer para seguir mejorando?

El maratón es para los maratonianos, no para la organización, el Ayuntamiento o la institución que sea. El maratón es para los maratonianos y ellos deben ser el centro de todo.

Los corredores somos vanidosos: nos encanta vernos, nos encanta que nos pregunten nuestras mejores marcas, nos encanta que nos reconozcan el mérito que tenemos… si el maratón hace del maratoniano el centro neurálgico triunfará y será un referente. Una buena bolsa del corredor, unas buenas liebres, un recorrido liso, rápido y bonito, una buena web, un buen marketing y presencia en redes sociales, unas buenas estrellas invitadas, una buena fiesta el día de la carrera.

Y, por supuesto, público en las calles, gente por todo el recorrido, conseguir implicar a la ciudad y que salga ese día a la calle …

De todos modos hay que reconocer que esto va por muy buen camino y que se ha mejorado muchísimo.

14. Por último, ¿te atreves a marcarte un objetivo concreto para el Maratón de Málaga 2019?

Siempre digo lo mismo: el primer objetivo, y lograrlo ya es un triunfo, es ser capaz de terminar la carrera.

Luego, dependiendo de lo trabajadora y disciplinada que sea, la disfrutaré más o menos y haré mejor marca o una marca menos buena.

Como tenemos la suerte de que Málaga siempre te da una segunda oportunidad, si este año no sale, ya saldrá el siguiente. Me encantaría ser capaz de mejorar mi mejor marca en maratón.

¡Por soñar, que no quede!